En cuanto al perfil profesional de los futuros y las futuras maestras, conviene identificar qué competencias profesionales pueden desarrollarse en las situaciones auténticas de aula y del centro escolar que proporciona el Prácticum. Se destacan cuatro como prioritarias:
- La autorregulación del aprendizaje.
- El trabajo en equipo.
- Las competencias tecnológicas.
- Las competencias para cuestionar la práctica.
Para promover la autorregulación del aprendizaje en el alumnado es necesario que el estudiantado se convierta en experto facilitador, y durante el Prácticum es un momento idóneo para practicar estos procesos.
El trabajo colaborativo es una competencia básica que los futuros y las futuras docentes deberán enseñar a su alumnado, a la vez que es una competencia profesional imprescindible para participar en procesos conjuntos de reflexión y aprendizaje propios de la cultura colaborativa que se requiere para trabajar en una escuela.
Las competencias digitales de las futuras y los futuros maestros deben ser suficientes para dar respuesta a posibles modelos de presencialidad discontinua. El maestro o la maestra debe ser competente para diseñar actividades de aprendizaje en línea individuales y en grupo.
Finalmente, las competencias para cuestionar la práctica implican que el estudiantado sea capaz de identificar mejoras e implementar prácticas basadas en las evidencias, desarrollando el rol de maestro como indagador y agente de cambio de su propia práctica y también del conjunto del centro educativo.
Además, la maestra o el maestro de educación primaria es un profesional especialista en los procesos de enseñanza y aprendizaje que acompaña el desarrollo integral de los niños de seis a doce años. Esta multidimensionalidad del ejercicio de la profesión de maestro comporta el desarrollo de diferentes funciones relacionadas con los diferentes actores de la comunidad educativa (niños, familias, profesorado y agentes educativos externos), como las que se detallan a continuación:
- Planificar la instrucción o la acción docente.
- Acompañar y evaluar los aprendizajes.
- Diseñar un entorno positivo de aprendizaje presencial y virtual.
- Mejorar la propia práctica.
- Colaborar con los compañeros y las compañeras del centro.
- Construir una relación colaborativa con las familias.
- Colaborar con profesionales externos.
La gran responsabilidad social de la profesión requiere el compromiso ético de la maestra o del maestro, tanto con los actores mencionados como con el propio desarrollo profesional.